Confesiones
Re-Conocerte
7/26/20263 min read


Cuantas experiencias vividas quedan en silencio, cuantas de esas cosas que se hace día a día se quedan ahí en el anonimato, secretos y misterios de una vida que no es publica, que se esconde del escrutinio social, familiar o laboral.
Pero para un grupo de humanos existe una fórmula para dejar de cargar esta mochila pesada de lo que no nos atrevemos a decir, se remonta a miles de años atras, y es que le dieron la potestad a otro humano de poder hasta absolverte de aquello que se ha denominado pecado.
Debato entre que puede ser considerado pecado, bajo que leyes o principios nos basamos e inmediatamente recuerdo que estamos gobernados primero por el miedo y de ahi parte todo, esta manera de controlar las acciones y emociones que la sociedad creó para que esta experiencia sea tan diversa pero tan limitada a la vez que se establecen reglas las cuales seguir, por que si no lo haces serás, señalado, castigado o en el peor de los casos te vas al infierno.
Mas para pensar, que es el infierno, cual es ese lugar en donde pagaremos todo aquello que se salió de los límites de la tolerancia, comportamiento y escrutinio social? a donde van todos aquellos que han roto lo que llamamos paz, los que han perturbado el equilibrio emocional y sicológico de otros cuantos? que pasa con esas almas......?
En el diario vivir nos enfrentamos a tantas sensaciones que es casi imposible poder controlarlas, vamos aprendiendo si podría decirlo a domesticarlas, como a la mente con aquello que llaman meditación. Domesticar, calmar, adiestrar decirle no, basta, quieta, silencio como si con eso el mundo se fuera a detener y nada mas pasaría de aquello que consideramos perjudicial para nuestra propia supervivencia.
La mente esta de moda, todos hablan de ella, como entenderla, lo mágica o perturbadora que puede ser, las realidades que puede crear, miles de actos estan asociados a lo que pasa por nuestra mente y todo ello se desarrolla sin nuestro consentimiento pleno o lo que puede asociarse con un estado de conciencia, que en este punto de la vida puedo interpretarlo como la libertad de poder aceptar la realidad creada por cada uno de nosotros, nada mas que ello.
Confesarse entonces se convierte en una acto de rendición, de aceptar la vulnerabilidad humana que nos es innata, que es parte de lo que hemos venido a vivir y convivir con miles de almas que de una u otra manera llevan su proceso propio, inexplicable, inentendible e incomparable entre sí, eso viene a ser lo que nos distingue y a su vez lo que nos debería dar la sensación de paz y equilibrio para con esos fundamentos desarrollar la empatía no solo hacia el resto, sino, hacia nosotros mismos en el momento en que estamos frente a ellos, frente a cada uno de esos actos que no llegamos a comprender y que de una u otra manera perturban el camino.
Se vale gritar en silencio, se vale vivir escondidos del resto, se vale hacer las cosas de forma tan independiente que no le rindes cuentas a nadie, no por ego o soberbia, es tan solo por el simple hecho de vivir consciente de lo que haces, ser responsable de todo aquello que no se ha podido comprender, entender e integrar en la vida, con una, dos, mil o miles de personas.
Esto lo transforma todo, no existen pesos existenciales de lo que podía haber sido, se desvanecen en el aire los quizas y nos llenamos de paciencia y sabiduría sin que suene a superioridad, simplemente la aceptación de una sola realidad, la individual y con ello la responsabilidad extra que asumimos para tener una charla con nosotros mismos, contarnos aquello que se escapa del corazón, del alma o de los instintos para volvernos abrazar en el proceso y reconocer una vez mas que esto es la humanidad, de esto va, de esto se trata y como tal asumir el reto de continuar respirando cada vez que volvemos a nacer al despertar.
